
Desde el año 2006, el Centro Universitario Barriga Verde (UNIBAVE) de Orleans en el estado de Santa Catarina, al sur de Brasil, organiza un congreso anual sobre educación. Este año 2009 entra ya en su cuarta edición y se celebrará los próximos días 15, 16 y 17 de octubre bajo el título “Cultura y sustentabilidad: De lo local a lo universal". En la siguiente dirección se pueden encontrar todos los datos del mismo:
http://www.unibave.net/congresso/ Destacan especialmente las conferencias, las mesas redondas y los micursos (talleres), todos ellos con ponentes de reconocido prestigio dentro y fuera de Brasil.
Esta es la primera ocasión en estos cuatro años que no puedo participar en el mismo. Lo digo con tristeza. No estaré allí en persona, aunque

mi mente y mi corazón acompañarán a todos los que lo hacen posible. De manera especial sus coordinadoras, Marlene y Edina, y al resto de profesorado que trabaja codo con codo en el evento: Lucelena, Isonel, Cleia, Antonio Tavares, Elcio, Ana Maria, Rafaela, Jair, Adriana, Rosilane, Andrea, Leonardo, Jaqueline, Lorena, Alcione y, cómo no, el propio rector, el profesor Celso de Oliveira Souza. Y otros muchos que seguro me dejo en el tintero. Desde que empezó este congreso el año 2006 compruebo el esfuerzo y tesón que ponen en el mismo. Por lo que desde este humilde blog les deseo el máximo éxito, como mínimo igual que años anteriores.
Pero me gustaría detenerme unos instantes en Orleans y sus gentes. Orleans está situada al suroeste del estado de Santa Catarina, Florianópolis, en el interior del continente. Es una ciudad pequeña que no llega a los 20000 habitantes, con un núcleo principal en torno a una iglesia con influencias italianas y alemanas. Como casi todo por estos lugares. Desde ella, situada en uno de los muchos “morros”, como dicen los brasileños, que salpican el entorno, se desparraman las casas en varias calles. A partir de aquí, abundan los minifundios. Desde la habitación del hotel NOB en el que me alojo siempre que voy, se divisa un trozo grande de esta tierra, representativo de la cultura y la etnografía de la misma. Son retazos de terreno de un verde permanente rodeados de colonias de eucaliptos agrupados en torno a una zona húmeda, en el centro están las casas de madera, una dedicada a vivienda y el resto a labores agrícolas. Varias vacas pastan libremente por todos lados, mordisqueando apaciblemente la abundante hierba aquí y allí. No tienen problemas porque el pasto no falta nunca. Los agricultores han retenido la historia dentro de sí, en su vestimenta, en sus formas de vida, … el tiempo pasó por ellos, pero no con la velocidad de otras partes del mundo. Uno cortando la abundante hierba con una gran guadaña, el sombrero de ala ancha con reminiscencias de colono italiano, el otro cavando, el otro haciendo haces, el otro recogiendo agua, … El año pasado pude visitar un asentamiento polaco en la zona de Chapadâo y comprobé cómo es posible hablar de nichos ecológicos. Los colonos guardaban con fidelidad sus costumbres de comienzos de hace dos siglos cuando llegaron en barco a estas tierras y recibieron parcelas de tierra para su cultivo. Fue impresionante.
En Orleans la vida es tranquila, muy tranquila. Las variedades de los cultivos hacen la zona muy rica en la producción de maíz, tabaco y caña de azúcar. El año pasado visité con mi alumno y amigo Alcioné su pequeña plantación de caña de azúcar y después otra de tabaco. Me maravillo de estas formas de vida tan distintas a las de Jaén.
Por las mañanas cuando me levanto, una de las casas que se ven desde mi habi

tación humea permanentemente. Son los secaderos de tabaco alimentados por la leña de los eucaliptos. El carácter autárquico de los agricultores es envidiable, los secaderos antiguos, los de leña (ya los hay eléctricos) secan la hojas de tabaco rubio, el que se llevan barato los americanos, y lo hacen con una constancia y parsimonia acompasada con la vida de estas sencillas gentes, que tratan a los que venimos con una cordialidad encomiable, como si fuéramos amigos de toda la vida. Me sorprende que se saluden y me saluden cada vez que nos veamos. Eso me trae a la memoria la cierta soberbia de los europeos. En la Universidad de Jaén, los compañeros de la misma Facultad, nos saludamos con un buenos días y poco más. Los brasileños no, tras el “Tudo bem, tudo bon?”, llega el beso, el roce cariñoso por el hombro y un sin fin de preguntas para conocer qué tal estás, cómo dormiste o cualquier otra cosa que permita conocerte y tratar de ayudarte animándote.
Mientras escribo estas líneas, recuerdo cómo al atardecer las vacas que veo desde mi ventana se están retirando con parsimonia al establo y las primeras sombras empiezan a recubrir de oscuridad los montes de la sierra que envuelve a Orleáns.
Una maravillosa tierra sin duda, unas maravillosas gentes a las que agradezco de corazón el recibimient

o que desde hace ya varios años me vienen dispensando.

Muito obrigado.